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martes, 26 de enero de 2010

Conversaciones (tirados en el pasto)

Toda relación de a dos es una relación de poder, me dice Gabo mientra tomamos una cerveza sobre el pasto recien cortado de la estación de Villa Adelina. Yo asiento y pienso que todos los caminos conducen a Fuki, incluso ahora, en verano, cuando la filosofía se asoma poco, o lo hace bajo la ingrata forma de la obligación académica. Le comento, para quitarle un poco de gravedad al asunto, lo que ví en una película hace poco tiempo: "la teoría de los limpiaparabrisas", el amor es igual, se dice allí, cuando uno se acerca, el otro se aleja, en constante ciclo (y así las cosas). Pero, ¿y los limpiaparabrisas cuyas dos brazos tienden al centro?, reclama el interlocutor. Ah, eso es la amistad, le responde el primero. El chiste o la metáfora no causan el efecto de humor deseado. Gabo me dice que ahora le gustaría tener varias mujeres, y que todas sufran por él. Lo cómico es que entre las chicas que cuenta están las amigas de su ex. Dice que prefiere que ella lo recuerde como a un forro antes que como a un paisaje desencantado... Le digo que un primer paso para olvidarla es no pensar en vengarse de ella... Ahora sí se rie, supongo que después de tantos años, cuando se emborracha un poco no sabe del todo pensar en otra cosa. O sí, pero lo otro debe ser mucho peor que esa desilusión camuflada de rencor. Después no decimos más nada y nos tiramos en el pasto a ver el tren que atravieza el calor de la noche; una promesa de lejanía, algo como de ciencia ficción, los mundos posibles al alcance de la mano.
A Gabo perdón por la canción, no sé si le gustará mucho, aunque las chicas seguro que sí.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Nuestra piel




Y si los días dejan de caminar
todos los días iguales
Va a ser cuestión de seguir adelante
sin mirar atrás,
y además para qué.
El tiempo nos quita, el tiempo nos da,
el tiempo nos enseña y nos enseña mal.
Vamos a caminar por la sombra,
vamos a caminar de la mano
por calles llenas de hojas de otoño sin barrer,
por una plaza donde nadie juega más.
¿Para qué disimular?
no vamos a ninguna parte
No va a ser fácil, ya lo sé,
pero nunca lo es.
Es como arrancarse algo,
es como ahogarse,
es como quemarse la mano,
es como quebrarse un hueso.
Hay que darle la razón la los que tienen razón
a los que aún no sabemos quienes somos
pero estamos adentro
De nuestra ropa, de nuestra camisa, de nuestra piel.
De nuestra ropa, de nuestra camisa, de nuestra piel.
De nuestra ropa, de nuestra piel

martes, 15 de diciembre de 2009

sábado, 5 de diciembre de 2009

Nadie (sin sentido sensación, o al revés)



El pájaro que duerme en cada grito

Se despierta pero no traspasa

La jaula de arcilla que lo abraza

Como un vestido imperceptible

Que se desteje opaco y sin sol

En la tarde de lluvia ahora tan lejos

Del primer verso de este poema

No hay continuación posible

El grito no puede ser nada para mí

Más que esta vieja y siempre renovada

Sensación sonido

Del cuerpo

Sin sentido sensación

Del vértigo invisible interior

De la garganta de un pájaro enjaulado

domingo, 27 de septiembre de 2009

Mi rock perdido (manual de fe para perplejos)



Evidentemente, un creyente se identifica hasta un cierto punto con lo que hace y con lo que cree; no hay en él una divergencia importante entre su lucidez, por una parte, y sus acciones y pensamientos por otra. Tal divergencia se ensancha desmesuradamente en el falso creyente, en quien manifiesta convicciones sin adherirse a ellas. El objeto de su fe es un sucedáneo. Digámoslo sin ambages: mi rebelión es una fe que suscribo sin creer en ella. Pero no puedo dejar de suscribirla. Nunca se meditará bastante la frase de Kirilov sobre Stavroguin: »Cuando cree no cree que cree, y cuando no cree no cree que no cree».

Cioran

Descargar La tentación de existir Emile Cioran

viernes, 18 de septiembre de 2009

De la lluvia




"... La belleza de las muchachas ha herido mi
pecho.
A las que no puedo tocar, las poseo desde mi
corazón.
... Yo quiero morir en la taberna,
ahí donde los vinos están cerca de la boca del
moribundo;
Después, los coros de los ángeles descenderán
cantando:
Ten clemencia, Dios, de este buen bebedor!
... Más ávido de voluptuosidad que de eterno
descanso,
y muerta el alma, ya no me preocupo sino de la
carne"
S XII, Anónimo.