Mostrando entradas con la etiqueta Xochitill Garcia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Xochitill Garcia. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de marzo de 2010

Por la noche vendrán a visitarme




“Como dudaba de las cosas y de sí mismo, desconfiaba a menudo de la profundidad de las transformaciones obtenidas. Asistía a sus sueños como un espectador que lee novelas históricas y, aunque comprenda que se trata de algo meramente verosímil, puebla su cabeza con imágenes que serán casi todo lo ocurrido. Es sabido que los aficionados a la historia prefieren la prepotencia de los hechos a la sutileza de las alegorías. En su caso, esto bastaba para que un mal sueño pueda amargarle un día entero, o acaso una semana, en la que no había nada que lo convenciese de que no estaba sumido en un proceso de decadencia que él mismo aún no percibía. Por el contrario, algún sueño favorable o feliz bastaba para que, sucediese casi lo que fuera, nada pudiera borrarle cierta manera de ser alegre y ligera, como una anónima sensación de estar triunfando.”

jueves, 5 de noviembre de 2009

Si vos queres estar libre, si queres alto volar




Fatiga buscar por todos partes
las palabras que quiero escribir
cuando las leo,
a veces pienso que escucho demasiado
(pero sin atención),
entonces el murmullo mudo de la lengua extramental
es como jirones de la duermevela,
una sacudida eléctrica del cuerpo,
un abrazar a cualquiera para salir de la pesadilla
que se come mis orejas,
un voltear la cara a tiempo para no oír la palabra
aquella que no permita seguir viajando,
como en el baúl de un auto conducido por los signos de los otros.

Esta exhausta ansiedad no me regala una nota,
unas palabras o un color, a cambio me da esta lucidez sin verbo,
este coraje sin objeto,
un seminiño cierra los ojos en el pasto fresco de la noche (boca arriba),
palabras que acarician todo lo que siempre está y se desvanece:
un juguete indescifrable en el centro de un cuarto vacío,
aquel mundo con cosas por delante,
que se anuncian como el bramar del frente de la guerra implacable, que está ahí (donde me lees).
Y yo con mis armas gastadas por el día (y por la noche),
por la mugre de este cuarto, de esta cama, de estos papeles,
encantados por las causas perdidas, perdidos por la causas,
que se pierden o se ganan anónimas, inventadas,
como los recuerdos de la infancia.

martes, 6 de octubre de 2009

1 de octubre


Somos nuestros reproches

Somos carne

Masticamos carne

Deseamos en boca y hormonas

Lloramos chatarra futura

Como si el amor no fuera nada.

Zoe Poulin.


Al fuego con las manos


Tal como se siente apagar el fuego con las manos, una brasa engañosa que resiste una vez más por debajo del polvo de ceniza.

Allí estoy, mirando cosas nuevas y viejas que nunca serán cuando desaparezca este presente (como si el amor no fuera nada).

Afuera está el sol y ya pronto saldré a que el mundo comience nuevamente (otra vez).

Apagar el fuego con las manos,

crear incendios que iluminen,

como los reversos de una carta que nunca se escribió.

Océano de ansiedad, los despojos por el suelo, con la nada que quedó me hice un abrigo

(este invierno se murió).

Apagar el fuego que se apaga;

en los ojos de mis manos cicatrices que te enfrían,

una sonrisa que te toca el pelo y no te besa.

¿Realmente pretendías un refugio para la tormenta sin soplar (al fuego con las manos)?

Una luz que ya no importa, si todo nos da igual,

el solitario ajedrez del deseo,

la indescifrable poesía del placer,

irse, partir, la nada, el ser

¿Quién puede acaso estar del todo?

miércoles, 23 de septiembre de 2009

21 de julio



Corría por el bosque que se pierde al costado de la playa, entre la lluvia,
con los ojos cerrados me agarraba de tu mano y corría desesperado,
más allá de mis fuerzas, encontrando fuerzas nuevas.
Con alegría y miedo,
Confundido cuando tu mano estaba fría,
con los ojos llenos de luz cuando apretabas fuerte.
Pero al final tropezamos y ya no sentí tu mano,
dí algunos pasos en retroceso,
que no eran sino el anticipo de un salto,
que es como una muerte, una despedida.
¿Lo doy realmente?

Es inútil buscar las palabras exactas del amor perdido.

El amor real fue caminar por el bosque sin la esperanza de cruzarlo,
con la convicción de encontrarte en la playa al otro lado.
Excusarme por mi ausencia y dar noticias de mi muerte, para iniciar
la vida otra desde la cual, como de la cima de una sonrisa de niño que juega con la arena, te veía entrar al mar hermosa, (como siempre) vagamente inconquistable.

Una noche de tormenta (en el comienzo de la inundación) caminando en círculos y rozando el extravío, prometimos juntos intentar buscar otros caminos. Partiste pocos días después, frotándote las manos, libres y extrañadas.
Yo hice de mi desilusión un mundo y una x, que es también el mapa de un tesoro al revés: se gana cuando ya no se lo encuentra en todas partes.
No es fácil, está por cumplirse un mes, a veces todavía me acuesto boca arriba en el desierto y me despierto ahogado por la arena.

Vivo vidas paralelas, como dos aros de luz que no se superponen, uno está aferrado a tu cuello, a tus ojos, a tu pelo, a tu forma de sentir, a tus palabras; otro sigue girando, como una estrella anónima en una noche cerrada de ciudad, que parece que impone su ritmo a todo el cielo.
Y el dolor real mostró que los demás eran casi nada (un recuerdo temeroso del ayer), acaso sea este el precio del aprendizaje. La chica de la mirada como un horizonte, con la que vi más allá (incluso de nosotros mismos).
Que vengan otros mundos, y que se lleven mi carne anclada a tus sentidos.
Que vengan otros mundos, y que dejen a tu sol durmiendo tras la última montaña.
Que vengan otros mundos.

Descargar Highway 61 revisited Bob Dylan

martes, 11 de agosto de 2009

Variación de un poema de Adrienne Rich







Foto: Surrealveo


Aquella conversación que siempre estuvimos a punto

de tener, ya no gira en mis pensamientos;

durante la noche el sonido del tren tiembla en la oscuridad del cuarto,

el murmullo lejano hace también su homenaje al silencio,

y yo distingo a un hombre que amaba ahogándose en palabras, con una temible herida

que lo rodea como un pañuelo alrededor de la garganta.

Y es a él a quien he intentado hablar, cuya herida, expresada en su rostro

que se vuelve a un lado de dolor, es arrastrado cada vez mas profundo,

donde no puede escucharme,

y enseguida me doy cuenta de que yo hablaba con algo inaccesible,

o que ya no me interesa.


Xochitill Garcia


domingo, 9 de agosto de 2009

Ahora que amanece














Ahora que amanece


Se me durmió la nariz,

pero hay algo que nunca duerme,

y que se quema

todos lo días

incluso en las horas más tranquilas de la mañana,

en las que puedo sonreir transparente, asistir con la mente despejada

al incendio que ilumina,

sin pensar en la ansiedad del próximo minuto.

Incluso en las tardes que son como una capsula de tiempo que parece preservarme

de la lengua de fuego que revive y a la vez me estalla,

de los ojos del horizonte, de los pies enterrados en la tibieza de la arena.

Y los rituales del crepusculo intentan conjurar, con el asesinato del sol,

el frío invierno de la noche;

la noche que voy cruzando como Hernan Cortés un continente: traicionero y audaz,

le puedo hacer creer

su cualidad incombustible, pero ni siquiera sé qué estoy diciendo,

ahora que amanece.


Xochitill Garcia